El ritual

Dos gramos. Un minuto de calma.

Preparar matcha no es complicado, sino preciso. Sigue estos pasos y conseguirás siempre el color y la espuma que ves en nuestras fotos.

Usucha: el clásico matcha batido

  1. Tamizar. Con una cuchara de bambú (chashaku), coloca 2 g de matcha —unas dos cucharadas— en un tamiz fino sobre tu cuenco (chawan) y pásalo por él. Tamizar garantiza un matcha suave y sin grumos. El chashaku se usa para manipular el polvo seco; el chasen (batidor) nunca debe tocarlo seco, ya que solo sirve para batir.
  2. Añadir agua. Vierte 70 ml (unas 2,4 oz) de agua a 70–80 °C / 160–175 °F. El agua hirviendo quema el matcha y lo vuelve amargo.
  3. Batir. Bate enérgicamente con el chasen en un movimiento en zigzag en forma de «M», moviendo principalmente la muñeca, durante unos 15 segundos, hasta que se forme una fina espuma verde jade en la superficie.
  4. Disfrutar. Bébela de inmediato, mientras la espuma esté viva.

Matcha latte: al estilo Oro Verde

  1. Bate 2–3 g de matcha con un chorrito de agua tibia (unos 30 ml) hasta que quede suave y espumoso.
  2. Llena un vaso alto con hielo y añade la leche que prefieras, dejando tres dedos de espacio en la parte superior del vaso.
  3. Vierte el matcha batido lentamente sobre la leche para que caiga en forma de cinta verde.
  4. Remueve una vez con una cuchara y disfruta.

Cuida tus utensilios

Enjuaga el chasen solo con agua tibia, nunca con jabón, y déjalo secar al aire con los dientes hacia arriba. Trátalo con cuidado y te servirá para tu ritual durante mucho tiempo.

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